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  • MACHU PICCHU: Es el nombre contemporaneo que se da a una llaqta incaica construida a mediados del siglo XV en el promontorio rocoso que une las montanas Machu Picchu y Huayna Picchu.

  • MONTAÑA 7 COLORES: Considerada la nueva maravilla del Cusco, su coloración partucular hace de que muchos viajeros se vean obligados a visitarla, Considerada uno de los lugares obligatorios que debes visitar en el mundo antes de pasar a otra vida.

  • LAGUNA HUMANTAY: Dicho espejo de agua es visitada por muchos turistas por tener una coloración unica que la hace diferente a otras lagunas, viene a ser uno de los lugares mas visitados en Cusco y tiene un entorno paisajistico impresionante rodeado de nevados caracteristicos de la zona.

  • VALLE SAGRADO DE LOS INCAS: Fué y es uno de los escenarios mas importante que tiene Cusco, el valle sagrado es visitado por miles de turistas despues de Machu Picchu, Fué el valle mas fertil de la epoca Inca y aun tiene los cultivos de maiz tradicionales, en el tour normal se visita las ciudades Incas de Pisaq, Ollantaytambo y Chinchero.

  • HUAYNA PICCHU:Es conocida principalmente por ser el telon de fondo de la mayoria de fotografias panoramicas de los restos arqueologicos incas de Machu Picchu, Escalada por muchos viajeros que desean tener una experiencia unica de su visita a Machu Picchu, son 400 cupos por día por lo cual se recomienda reservar con antelación. La misma alberga tambien importantes restos arqueologicos relacionados con el famoso complejo inca.

  • MORAY Y LAS SALINERAS DE MARAS: Son dos de los atractivos iconos con los que cuenta Cusco, la primera fue una laboratorio Inca en Forma circular la cual cautiva expertos de todo el mundo, muchos aun creen que fueron construcciones alienigenas, la segunda son las salineras tradicionales de Maras que aun siguen siendo explotadas de forma tradicional desde la epoca Inca, 100% recomiendable para visitarlas.

  • CAMINO INCA: Uno de los senderos de trekking mas famosos a nivel mundial, caminos incas originales que recorren hasta la ciudad Inca de Machu Picchu, es uno de los tours mas solicitados, recomendable reservarlos con 6 meses a 1 año de anticipación, puedes hacer el tour en 4 días ó una de las mejores opciónes la de 2 días..

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Peregrinación al Santuario del Señor de Qoyllur Rit’i

 

Qoyllur Riti se lleva a cabo con una periodicidad anual desde hace más de dos siglos, teniendo lugar habitualmente a mediados del mes de junio. La fecha precisa varía año a año en razón del calendario eclesiástico, puesto que el festejo principal se desarrolla el martes que resulte el quincuagésimo octavo día que sigue al Domingo de Pascua. Los días centrales de la festividad son tres, aunque las actividades rituales se prolongan por espacio de alrededor de una semana. La festividad se inicia durante el fin de semana que precede a la más difundida celebración cristiana del Corpus Christi, extendiéndose ininterrumpidamente hasta el día Miércoles, víspera de una importante procesión que en honor al cuerpo de Cristo se lleva a cabo en la ciudad de Cuzco. La advocación de Taytacha Qoyllur Riti o “Señor de la Estrella de la Nieve” alude a probables observaciones de índole astronómico, vinculadas a la salida de Venus, el lucero, en relación con los nevados que están detrás del santuario. Con respecto al calendario agrícola, la fiesta coincide con la etapa final de las cosechas, el tiempo en el qu  el campesino agradece los frutos recibidos y los ofrece a la deidad. En el presente trabajo se ofrece una descripción etnográfica de la procesión de Qoyllur Riti, basada en una experiencia de observación participante de la ceremonia efectuada por la autora. Se caracterizan el emplazamiento y la toponimia de los escenarios; se reseñan leyendas fundacionales y mitos relacionados y se describen los principales actores sociales involucrados en carácter de peregrinos, danzarines, celadores y mercaderes. La dinámica ritual es presentada en dos etapas sucesivas, correspondientes en primer término a la festividad que se desarrolla durante cuatro días en el santuario de la hoyada glaciaria de Sinacara y en segunda instancia a la peregrinación que tiene lugar en 24 horas de marcha casi ininterrumpida, atravesando cuarenta kilómetros de abrupta topografía andina. Se describen las actividades de acercamiento, purificación, adoración mediante la danza y el rezo, ascensión a los hielos, presentación de ofrendas, prácticas adivinatorias, flagelación, saludo al sol y extracción de reliquias. En la discusión, los aportes etnográficos analizados a la luz de la etnohistoria y la arqueología ponen de manifiesto que las procesiones andinas en altura han sabido conservar elementos del culto prehispánico a las montañas sagradas, manteniendo vivas ciertas creencias relacionadas con la eficacia propiciatoria y expiatoria de las ofrendas presentadas en escenarios de altura. Escenario Desde el punto de vista geopolítico, el paraje de Sinacara en el que se desarrolla la festividad de Qoyllur Riti queda comprendido dentro de la jurisdicción de la Comunidad de Mawayani, en el Distrito Ocongate, Provincia de Quispicanchis, Departamento de Cuzco, en el Sur de Perú. La localidad de Mawayani, punto de partida de la procesión de acercamiento, se ubica a 4.050 metros sobre el nivel del mar y a 8 kilómetros de distancia del santuario. Durante el transcurso de la festividad, se puede alcanzar la localidad de Mawayani en buses, micros y camiones que realizan ininterrumpidamente el recorrido desde Cuzco (aproximadamente 170 kilómetros), en tanto que en otras fechas, la única movilidad disponible son los camiones que transitan hacia Puerto Maldonado. El clima en la zona es seco y frío, con alta insolación diurna y gran amplitud térmica. Las temperaturas medias diurnas oscilan en torno a los 12 Cº, en tanto que por las noches, durante el mes de junio, descienden habitualmente a 5 Cº bajo cero, alcanzando con frecuencia los 10 o 15 Cº bajo cero. Ocasionalmente se producen nevadas. Emplazamiento El santuario del Señor de Qoyllur Riti está ubicado en el paraje Sinacara, al pie del nevado Colquepuncu, en el seno de la Cordillera de Vilcanota, que pertenece al sistema orográfico de la Cordillera Oriental de los Andes. La montaña más destacada de la región, el Nevado Ausangate, de 6.384 metros sobre el nivel del mar, se yergue a pocos kilómetros del santuario, dominando las alturas de la Hoyada de Sinacara y la ruta procesional hacia la vecina comunidad de Tayancani. La hoyada de Sinacara tiene unos cinco 11 kilómetros de extensión por dos kilómetros de amplitud y se halla flanqueada por las laderas y filos que descienden del nevado Colquepuncu. La cima del nevado alcanza los 5.471 metros sobre el nivel del mar y permanece fuera del alcance de la vista, al ser contemplada la montaña desde la hoyada. Dominan el paisaje los glaciares que de ella descienden hasta alcanzar la cota de los 5.000 metros, dando origen a diversos arroyos de deshielo. La capilla cristiana que constituye el corazón físico del santuario se halla erigida a 4.800 metros sobre el nivel del mar, junto a un arroyo, sobre la planicie que forma el fondo de la hoyada. Dos lugares sacralizados de gran importancia, como lo son “gruta de la virgen” o mamachapata y la “terraza de los juegos” o pucllanapata se levantan a 4.900 metros y a una distancia de aproximadamente un kilómetro, sobre las faldas bajas de los cerros que flanquean el paraje. El espacio ceremonial del santuario se halla delimitado por dos grandes cruces, que reciben particular atención durante las procesiones y en las actividades de adoración y ofrenda de los fieles. La cruz de ingreso al santuario se conoce como “Cruz Pata” y se encuentra emplazada a unos 4.700 metros, en la parte baja de la hoyada, donde ésta se hace más angosta, dando paso al valle que desciende hacia Mawayani. La cruz de salida del santuario es frecuentemente referida como “la Cruz del glaciar” y se encuentra emplazada por encima de los 4.900 metros de altitud, en dirección a los hielos eternos del Colquepuncu. Toponimia regional La etimología del nombre del paraje Sinacara podría provenir del síncope de la palabra quechua senqa (nariz) y el término aymara k´ara que quiere decir “cuero liso o pelado”, y podría ser aplicada a una colina sin vegetación que se advierte en las inmediaciones de la hoyada (Flores Lizana, 1997: 23). El nevado cuyos glaciares acogen a los peregrinos del Qoyllur Riti se denomina “Colquepunco” o “Puerta de Plata”. Se trata de un nombre compuesto quechua en el que se unen el vocablo “colque”, que alude a la plata, y el término “punku” que significa “puerta”. Mitos y leyendas La sacralidad del emplazamiento del santuario de Qoyllur Riti se ve subrayada mediante una leyenda de carácter fundacional, que sitúa a fines del siglo XVIII la aparición del Señor Jesucristo a un niño pastor indígena. El carácter milagroso de la imagen plasmada en la roca se explica mediante un relato en el que la inspiración del artista viene inducida por visiones y sueños alusivos. A continuación se ofrece una versión sintetizada de ambos relatos, basada en el folleto alusivo titulado “Historia del Señor de Qoyllur-Riti” (2003). Leyenda acerca de la aparición del Señor de Qoyllur Riti al niño indígena, Mariano Mayta “Allá por los años de 1780 en la Estancia de Mawayani, vivía una familia indígena apellidada Mayta, que tenía buena cantidad de ganado alpacuno y ovino. Sus animales pastaban en la hoyada de Sinacara, a cargo 12 MARÍA CONSTANZA CERUTI de sus dos hijos, el mayor, de 18 años y el menor de 12, llamado Mariano, quienes vivían solos en la cabaña. Conforme pasaban los meses el hermano mayor descuidaba continuamente el ganado, dejando solo a Mariano. Como la situación del abandono se tornaba cotidiana, Marianito Mayta, al no soportar más el trabajo duro, la soledad y el hambre, decide trasmontar el nevado. Cuando estaba dirigiéndose hacia la montaña, se encuentra con un niño de raza blanca y de su misma edad, quien lo disuade de continuar con su cometido. El niño le ofrece pan y su compañía y ayuda en las labores de pastoreo e hilado de lanas. Cada mañana se encuentran nuevamente; juegan, cantan, siempre apacentando los ganados. Pasan los meses y el padre de Marianito, pese a ser anciano, se constituye en la cabaña y se sorprende al ver que los animales han aumentado considerablemente en número. Antes de retirarse, el padre regala a Marianito unos vestidos nuevos en signo de gratitud y amor parternal. Un día mientras jugaba con su amigo, Marianito le pregunta de donde era y éste le contesta que era de Tayancani. Luego el pastorcito le pregunta por qué su vestido no envejecía nunca. Al día siguiente, para su sorpresa, el niño aparece vestido un poco envejecido y con un extremo roto, diciendo que no tenia otro vestido porque no había esa tela en esos lugares. Marianito se ofrece a ayudar y lleva el trozo de tela como muestra a su padre en Mawayani. El anciano campesino acepta comprar la tela, pero encomienda a Marianito, que ya era jovencito, viajar al Cuzco a conseguirla. Mariano llega a la ciudad, recorre todos los establecimientos comerciales y no encuentra la preciada tela. Le recomiendan preguntar al Arzobispado, porque sólo los Obispos usan ese tipo de telas. El Obispo, con paciente atención escucha al joven indígena y le recomienda acudir donde el Pá- rroco de Ocongate. Con el mismo Mariano envía al prelado una carta en la que lo instruye de averiguar lo que sucede, ante la sospecha de que se estuviese cometiendo un sacrilegio. El Párroco convence a Mariano para que lo lleve donde su amigo. Un día 12 de junio de 1783 llegan a la hoyada de Sinacara y el párroco advierte que un joven vestía túnica y apacentaba el ganado; cuando se aproximaba a él proyectaba una luz refulgente hasta ofuscarle la vista. A los pocos días, en una segunda visita acompañado de autoridades comunales, el sacerdote procura acercarse al joven, quien se repliega hacia una peña. Casi a ciegas por el resplandor que emite, al extender la mano, el párroco toca un árbol de tayanca. Al levantar la vista ve el cuerpo del Señor pendiente como de una cruz, manando sangre de sus llagas. Mientras tanto Marianito, al ver la persecución contra su amigo, y al verlo desaparecido y ver sangre, presa de la desesperación muere –se cree que por un paro cardíaco- Al volver en sí, los hombres sólo encontraron la madera de tayanca en forma de cruz. El cuerpo de Marianito se cree que fue enterrado al pie de la misma peña que hoy se venera como sagrada” (Historia del Señor de Qoyllur-Riti, 2003, resumen de la autora ). Relato acerca del milagro del Señor de Qoyllur Riti plasmado en la roca “Por informe del Párroco de Ccatcca se sabe que un campesino, infructuoso buscador de oro en los lavaderos de Marcapata, QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 13 acosado por las deudas se encomendó al Señor de Qoyllur Riti y acto seguido, en pocas horas consiguió amansar una importante suma de dinero con su faena minera. En agradecimiento, entregó 100 soles a dicho párroco como retribución del milagro. El sacerdote contrató en Cuzco al escultor Fabián Palomino para aclarar las señas que aparecían en la peña de la capilla del Taytacha Qoyllur Riti. En vísperas del día convenido para asistir al santuario, el artista resolvió no viajar, pero la visión en sue- ños de un caballo blanco que quería atacarlo, le hizo reconsiderar su decisión y cumplir con el compromiso adquirido. Una vez en el santuario y tras haber examinado cuidadosamente la peña, párroco y escultor no lograron advertir ningún indicio para comenzar la tarea. Casi desesperado, el artista logró finalmente advertir la forma crucificada del Señor y dar las rayas iniciales a la obra, la cual fue elaborada muy a la ligera y tan sólo con cuatro pinceles. Palomino se retiró del santuario manifestando que el Señor se había presentado por milagro, puesto que nunca antes había pintado un Cristo con cuatro pinceles” (Historia del Señor de Qoyllur-Riti, 2003, resumen de la autora). Otras creencias populares Las creencias populares relacionan la presencia física de la nieve en las inmediaciones del santuario con la presencia espiritual del Taytacha; también ponen de manifiesto el temor a la aparición de las almas de los “condenados” que se cree vagan por los glaciares. Durante la festividad de junio de 2003, un peregrino nos refirió el problema de la retracción de los hielos de los glaciares de Colquepuncu y manifestó su preocupación, fundada en la creencia de que “al irse la nieve se va también el Señor”. Por razones semejantes, en algunos contextos se proscribe la presencia de peregrinos de sexo femenino en los glaciares. Se dice que las mujeres no deben “ir a la nevada” porque al hacerlo se derrite la nieve. Alguno grupos de peregrinos se ajustan fielmente a dicha proscripción, en tanto que en muchas otras comitivas, la presencia femenina es bien tolerada. En 1980 llegó a oídos del capellán el rumor de que “el Señor se estaba queriendo ir del santuario” y la creencia de que durante la festividad en la que el lugar está plagado de peregrinos que atosigan con sus pedidos, el Señor se refugia detrás del nevado Colquepunku (Flores Lizana, 1997: 26). Algunas leyendas andinas que los campesinos quechuas reproducen en torno al santuario de Qoyllur Riti tienen que ver con las rocas grandes de la zona, relacionadas con “María Pantik´anti, la Hija del Ausangate” ; o con Jesucristo perseguido por los demonios del volcán Ubinas o ubniskuna (Flores Lizana, 1997:40). Las leyendas y creencias más frecuentes que pueblan el discurso mágico de los peregrinos de Qoyllur Riti tienen que ver con las almas de los “condenados”. Los campesinos quechuas de la zona creen que las almas de los “condenados” vagan por los glaciares de la cordillera de Vilcanota, bajando del nevado Ausangate para pedir perdón al Taytacha de la estrella de la nieve (Marzal, 1992:48). Es por ello que el tránsito por los glaciares resulta particularmente peligroso durante la festividad, debido a la posibilidad de quedar frente a frente con uno de estos “aparecidos”. Existe la creencia de que si un condenado lo ve primero al 14 MARÍA CONSTANZA CERUTI peregrino, cambia su suerte y es el peregrino el que muere en lugar de él. Fumar y mirar atentamente son las maneras rituales de protegerse de estos fatales encuentros (Flores Lizana, 1997: 49). El Qoyllur Riti y la “profecía andina” En años recientes, un conjunto de creencias compartidas por los cultores del “misticismo andino” relacionan a la festividad de Qoyllur Riti con una profecía que anuncia el surgimiento de un nuevo Inca. Según refiere la escritora norteamericana Elizabeth Jenkins, el investigador cuzqueño Juan Nuñez del Prado tiene una particular visión acerca de la procesión de Qoyllur Ritti: “El Festival de Qoyllur Riti es una enorme concentración de peregrinos procedentes de los alrededores de la zona andina. Llegan allí con una profunda devoción llevando sus imágenes y grupos de bailarines. Durante tres días se celebran preciosas competiciones entre los diversos grupos. El último día se hace una enorme procesión. Un año, con la ayuda de mi esposa, logré ver por fin que estaba formándose una inmensa burbuja colectiva de energía viva, a consecuencia del rito del grupo. Cuando volví, se lo conté a Don Benito Corihuamán, mi maestro, que sonrió y me dijo que entonces empezaba a entender. Y en efecto, ahora comprendo que esa enorme concentración de energía psíquica humana, junto con el poder natural del lugar, es lo que puede generar las condiciones de posibilidad para el surgimiento del primer Inca Mallcu. Cada uno del los peregrinos que asiste al festival desempeña su parte. Nuestra energía colectiva hace posible los grandes milagros...” (Jenkins, 1998: 278-279). En opinión de la escritora norteamericana Joan Parisi Wilcox: “La profecía andina recogida por Juan Nuñez del Prado durante las dos últimas dé- cadas describe acontecimientos concretos que señalan el comienzo de una nueva Era. El primero es la aparición de doce Inca Mallcus o supremos curanderos. [...] Son curanderos infalibles, capaces de curar cualquier dolencia en todo momento con sólo poner las manos sobre el enfermo. Según Juan Nuñez del Prado, esta prodigiosa capacidad curativa significa que no caben los impostores en el quinto nivel de la senda andina del alto misayoc ni en el quinto nivel del conciencia. Los doce pacos del quinto nivel aparecerán en lugares y momentos muy concretos. El primero, que será un hombre, lo hará en Qoyllur Riti, la festividad sagrada anual que se celebra al pie de un glaciar a más de 4.900 metros sobre el nivel del mar. Su aparición es inminente, y viajará desde Qoyllur Riti hasta Cuzco por las antiguas ceques, líneas geográficas y energéticas que unen los lugares sagrados o huacas” (Parisi Wilcox, 2000: 98-99). Actores Los actores sociales que participan en la festividad de Qoyllur Riti, además del clero oficial de la Iglesia Católica, comprenden el grueso de los peregrinos y danzarines -habitualmente campesinos indígenas quechuahablantes-, los “celadores” y ukukus y las vivanderas y mercaderes ocasionales. Desde hace pocos años existe una mínima presencia policial durante el desarrollo de la ceremonia QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 15 así como la participación de contados turistas extranjeros. Peregrinos Los peregrinos que asisten a la festividad de Qoyllur Riti son en su mayoría oriundos del valle de Vilcanota y del Cuzco, aunque también abundan los peregrinos procedentes de la Cuenca del Titicaca (Puno) y de la región de los Andes orientales (Paucartambo). Se verifica afluencia de promesantes de zonas más distantes, como ser la región de Arequipa, la ciudad de Lima, o la sierra central peruana. Existe también una minoría de participantes procedentes de lugares tan distantes como el Noroeste de Argentina, el Norte de Chile o el Sur de Bolivia. En cuanto al origen social de los peregrinos, la mayoría corresponde históricamente al estrato campesino indígena de habla quechua, en tanto que con el correr de los años se ha intensificado la participación de mestizos y, en menor medida, de criollos. Recientemente ha comenzado a advertirse la afluencia de algunos extranjeros de origen europeo o norteamericano, cultores del turismo de aventuras o del turismo “místico”. Los peregrinos de diferentes edades, sexo y clase social, apenas arribados a la hoyada de Sinacara, ingresan al templo cargados con todos sus bultos para rendir adoración a la imagen milagrosa del Señor. Los danzarines, en cambio, lo hacen una vez vestidos con sus trajes típicos. Tras la adoración inicial, los peregrinos abandonan el templo y se instalan en las barracas o celdas, o bien en espacios para acampar sobre las faldas bajas de los cerros cercanos o en las vegas que se extienden frente al santuario. La cantidad de peregrinos ha ido aumentando sensiblemente en los último años. Actualmente, en el apogeo de la festividad, el número de participantes congregados en la hoyada de Sinacara supera los 70.000 (Historia del Señor de QoyllurRitti, 2003), por lo que cabe considerar al Qoyllur Riti como uno de los fenómenos de masas más notables del mundo andino moderno. Danzarines Los peregrinos que asisten al santuario de Qoyllur Riti en cumplimiento de la promesa de “bailar para el Señor” lo hacen agrupados en comparsas. Las comparsas tienen vestimentas y coreografías distintivas, al igual que los ritmos de las melodías que acompañan la danza. Los Qhapaq Ch´unchu adornan sus cabezas con plumas de suri teñidas, sostenidas por un aro. Visten camisa blanca y pollera de colores, medias blancas y botines negros. Llevan pañuelos en sus manos y un palo de chonta como arco. El rey de la comparsa lleva una corona de metal dorado y una espada; viste casaca y pantalón de pana color granate y lleva una capa de seda con figura de tigre bordada. Los Wairi Ch´unchu llevan adornos cefálicos de plumas de guacamayo y plumas de loro, que incluyen una larga cola que cubre la espalda. Visten camisa blanca y pantalón negro con pañuelos de colores. También llevan un arco para flechas hecho con palo de chonta. Los Qhapqq Collas llevan cabeza y rostro 16 MARÍA CONSTANZA CERUTI cubiertos por un waqollo o máscara tejida de color blanco con bigotes dibujados. La cabeza va cubierta con una montera ricamente bordada, la cual también es llevada en las manos a modo de bandeja durante la danza. Visten camisa a cuadros, chalina blanca y pantalón blanco, con medias largas del mismo color y mocasines. Cargan un aguayo tejido sobre la espalda y llevan una bolsa o chuspa de cuero y una vicuña tierna o alpaca seca colgando a un lado del cuerpo. También llevan una honda de lana o huaraca de varios metros de extensión, la cual es empleada a modo de látigo durante las danzas y al propinar azotes rituales. Las mujeres visten faldas con pliegues y blusas bordadas, llevando en sus manos un huso con tortero y un copo de lana. Los chilenos visten sombrero tipo vaquero, pantalón de montar, camisa roja o blanca con cabestro de cuero y pañoleta roja, faja y pañuelos varios. Cubren sus rostros con máscaras de malla de alambre o con máscaras grotescas. Las damas llevan blusas de seda y faldas con pliegues. Las comparsas se identifican en sus nombres por referencia al poblado o paraje andino del cual son oriundos o residentes los danzarines. Así es, por ejemplo, que existen los Qhapaq Colla de Ocongate y los Qhapaq Chunchu de Colquepata. Las comparsas se agrupan a su vez en “naciones”, tales como la nación de “Quispicanchis”, la nación de “Canchis” o la nación de “Paucartambo”. Cabe señalar que en los últimos años se ha incrementado ostensiblemente la participación de danzarinas de sexo femenino en las comparsas. Años atrás eran muy pocas las mujeres involucradas (Flores Lizana, 1997) y su participación quedaba restringida a comparsas específicas como la de las “mestizas collachas”. Actualmente, existen comparsas integradas exclusivamente por mujeres, como la de las “chunchachas”, en cuyas danzas fuera convocada a participar la autora. Antiguamente, los roles femeninos en las danzas eran cubiertos por bailarines masculinos travestidos, los cuales aún siguen siendo parte de ciertas comparsas, tal como pudiera apreciarse durante la festividad de junio de 2003. Ukukus Los “pablitos”, ukukus o pauluchas cubren rostro y cabeza con una máscara tejida o waqollo blanco o negro. Se abrigan con un vestido de lana negra con grandes flecos, adornado con una cruz blanca o roja en el pecho y campanitas a la altura de la cintura. Llevan un trozo de cuero con lana sobre el hombro, una pañoleta de seda de colores y un porongo de calabaza o concha colgando de su cuello sobre el pecho, a modo de instrumento musical. Calzan botines de fútbol y llevan en la mano un látigo fuerte, de cuero. Cargan consigo un muñeco de tamaño pequeño o mediano al que se conoce como “luichito” o “guagua” . A nivel simbólico, los ukukus cumplen la función ritual de mediadores entre los campesinos y el mundo sacralizado de las altas cumbres montañosas. Con su atavío que connota cualidades semi-humanas, son capaces de ascender al glaciar; vencer a los “condenados” y extraer el hielo sagrado. Son intermediarios entre los hombres y los espíritus de las montañas o Apus. Su muerte accidental al caer en grietas del glaciar -caracterizada por los peregrinos como “ser tragados por la nevada”- es concebida como una QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 17 suerte de ofrenda a los dioses de la montaña, capaz de garantizar la fecundidad de las cosechas a lo largo del año (Flores Lizana, 1997:68). Es evidente que la vestimenta del “pablito” introduce una cualidad zoomorfa en el que la porta. De hecho, la etimología quechua de ukuku, remite a los osos. Pero los pabluchas son concebidos como enteramente diferentes de los danzarines osuchas de Puno, que visten un disfraz en colores claros y una máscara de la misma piel que recubre la totalidad de la cabeza. Por su vestimenta, en la que predomina la lana y el color negro, y por actitudes ritualizadas tales como el empleo de la voz en falsete, los “pablitos” han sido vinculados simbólicamente con el “relincho” de los rebaños de alpacas (ver Gow, 1974 y 1975). Las campanitas en el atuendo parecen confirmar esta suposición. El comportamiento ritual de los ukukus comprende ciertos elementos lúdicos. Durante las danzas fuera del perímetro del templo, hacen monerías y travesuras. En nombre de su muñeco o “luichito” hacen requerimientos a los peregrinos, los cuales no pueden ser ignorados ni denegados. Pero en la mayoría de las circunstancias mantienen una apariencia severa -y hasta amenazante al empuñar su azote- acorde con su misión de guardar el orden y las costumbres durante la ceremonia. Sus intervenciones más frecuentes en este sentido, tienen que ver con la admonición a los peregrinos para quitarse las gorras o chullos en los espacios sagrados en las inmediaciones del templo. O en el urgir a los devotos a descender de los hielos al finalizar la ceremonia en el glaciar. Según Flores Lizana (1997: 66) también sancionan los excesos en la bebida, las peleas entre peregrinos y la actividad sexual entre las parejas. Celadores Los celadores forman parte de hermandades o cofradías destinadas al mantenimiento del culto al santuario o a las imágenes veneradas en las capillas de la región. Se trata habitualmente de comuneros que habitan en las vecinas localidades de Mawayani, Tancayani u Ocongate y que se han comprometido a colaborar en la custodia y en las necesidades logísticas del santuario; trabajando, por ejemplo en el tendido de electricidad hacia el templo o en la custodia y resguardo de la parafernalia ritual del santuario durante el año. Los “hermanos celadores” colaboran estrechamente con los sacerdotes y su participación y atribuciones son confirmadas por la Iglesia Católica. Para ser admitido se requiere tener una conducta moral intachable y fundamentalmente conocer las costumbres y tradiciones que se realizan durante la festividad de Qoyllur Riti. Los celadores vigilan el cumplimiento del orden durante los ritos devocionales como la aproximación física al altar del Señor de Qoyllur Riti, las procesiones y misas, etc. Controlan principalmente el ingreso y egreso de los devotos al recinto del templo. También informan a los peregrinos acerca de los horarios en que se llevarán a cabo las distintas actividades que forman parte de la ceremonia oficial. Policía La presencia policial en el santuario de Qoyllur Riti se ha comenzado a notar desde 18 MARÍA CONSTANZA CERUTI hace algunos años. Inicialmente parece haber estado limitada a prevenir el hurto de pertenencias de los peregrinos, aunque es justo precisar que de por sí los robos y la violencia son muy esporádicos en el contexto de peregrinaje y festividad. Desde hace unas dos temporadas se ha montado un cuerpo especial de policía de rescate en alta montaña, cuya misión es acompañar a los “pablitos” en las ascensiones a la nevada y rescatar a los accidentados, a la vez que supervisar el comportamiento de los peregrinos, asegurándose que no se internen en zonas peligrosas del glaciar, que no dejen velas encendidas y que no extraigan trozos demasiado grandes de hielo. Los oficiales están equipados con grampones y con indumentaria para monta- ñismo de alta calidad. Vivanderas y mercaderes Un notable porcentaje de los participantes en la festividad de Qoyllur Riti combinan los fines religiosos de su visita con objetivos económicos; o bien asisten al paraje Sinacara exclusivamente para trabajar en la venta de diversos elementos o en la elaboración de comidas. La mayoría instala kioscos en las inmediaciones del templo, aunque no pocos ofrecen sus productos sobre tejidos o aguayos tendidos en el suelo, a la usanza típica de los mercados andinos. Otros recorren a pie el paraje y promocionan a viva voz la naturaleza y precio de sus mercancías. Las “vivanderas” ofrecen comidas típicas como “picantes”, sopas y platos en base a papa y maíz, que son elaborados y cocinados -con leña o gas- en el interior de grandes tiendas rústicas de plástico que sirven a modo de cocinas y comedores. Los comensales pueden ingerir los alimentos sentados sobre pilas de cueros de oveja o llama, al calor de los fuegos encendidos para la cocina. Está de más señalar que las condiciones de higiene son mínimas o nulas, debido a la contaminación antrópica de las aguas del arroyo en el sector de la hoyada donde se emplaza el templo. Los restos de comida y la basura se acumulan en el interior mismo de las vivanderías y en las calles de tierra que se forman entre las mismas. En los kioscos instalados en las inmediaciones del santuario se ofrecen miniaturas de uso ritual o “alacitas”, ítems religiosos tales como apuyayas, rosarios y recordatorios del Taytacha, elementos de higiene personal, envases de plástico para la recolección de agua bendita, abrigos e infinidad de objetos que difícilmente cabe imaginar que sea posible adquirir en un mercado a 4.800 metros de altura. Por su parte, los vendedores ambulantes ofrecen plásticos por metro -empleados para la construcción de tiendas y para acampar encima, evitando la humedad de los bofedales-, mantas cobertoras, velas, azotes o “chicotes” de función ritual y muñecos vestidos con los trajes típicos de las comparsas en miniatura. Dinámica ritual durante la festividad en el santuario Las vísperas de la festividad de Qoyllur Riti dan lugar al peregrinaje de aproximación al santuario de Sinacara y a los ritos de purificación ejecutados con el “agua del Señor” en la vertiente de Unupata. El núcleo de la celebración está constituido por las invocaciones al Señor de la Estrella de la QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 19 Nieve, las ofrendas andinas a los Apus, la adoración de la peña sagrada en la capilla, las procesiones a la gruta de la virgen, todas ellas acompañadas de las incesantes danzas de las distintas comparsas. El clímax de la festividad tiene lugar en torno a la ascensión de los ukukus al nevado y las prácticas iniciáticas de flagelación con azotes. Entre los ritos que acompañan la ceremonia se cuentan las peticiones de carácter lúdico efectuadas por medio de miniaturas o alacitas, en la terraza de los juegos, la recolección de hielo, cera y hierbas en calidad de reliquias y las prácticas adivinatorias a través de la contemplación de velas encendidas. El festejo religioso en el santuario culmina con una misa de bendición. Aproximación El camino más transitado hacia la hoyada de Sinacara es una huella de herradura que parte de la localidad de Mawayani, a unos 4.100 metros sobre el nivel del mar y que se extiende por 8 kilómetros hasta alcanzar el santuario, situado en la hoyada glaciaria, a unos 4.700 metros de altitud. El camino recorre el valle por su margen sudeste, faldeando las partes bajas de los cerros y atravesando tramos de fondo de valle, que son irrigados por el río de deshielo que baja de la hoyada. El camino es recorrido por los peregrinos en horas de la madrugada del día sábado, aunque el flujo de asistentes es continuo durante todos los días que dura la ceremonia. Se requieren entre 2:30 y 4 horas para finalizar el recorrido. La mayoría de los peregrinos lo realiza a pie y sólo una minoría lo hace empleando caballos, los cuales son frecuentemente utilizados para el transporte de cargas. Durante las etapas iniciales del camino domina el paisaje la imponente figura del nevado Colque Cruz (Cruz de Plata). La ruta está jalonada por estaciones del Vía Crucis cristiano. Las mismas están constituidas por cruces de cierta visibilidad, dispuestas en la parte superior de pedestales de roca a modo de grandes plataformas. Los peregrinos enmarcan los descansos de la marcha en momentos de veneración a las mencionadas cruces, evitando detenerse en otros lugares a lo largo del camino. Junto a las estaciones más avanzadas se ubican puestos en los que se expenden bebidas calientes y comida. Durante la aproximación, los peregrinos suelen cargar una piedra en sus espaldas, en señal de penitencia. Se advierte en dicho rito la asociación de la piedra con el peso de los pecados. La piedra resulta finalmente depositada a los pies de alguna de las cruces que demarcan el perímetro del santuario. La costumbre indica también que es necesario hacer nudos de paja con la mano izquierda mientras se avanza (Flores Lizana, 1997). Purificación En el punto geográfico en que el valle tuerce hacia el este y se abre para formar la hoyada de Sinacara, existe una pequeña vertiente a la que se conoce como “Unupata” o como “Agua del Señor”. Los peregrinos se detienen allí entre quince minutos y media hora para lavarse, lo cual constituye un rito de purificación imprescindible antes de acceder a la presencia del Taytacha. Generalmente, el arribo al Agua del Señor coincide con el amanecer del día sábado. La mayoría de las mujeres procede a la lavarse el cabello -con shampoo en muchos casos-, a la vez que enjuagan los rostros y las manos de sus niños. Los hombres suelen quitarse la camisa y lavarse el torso, además de la cabeza. Algunos peregrinos -mujeres ancianas inclusive- prefieren bañarse completamente desnudos, pese al intenso frío, movidos por la creencia de que no sólo “el agua del Señor no enferma”, sino que además posee poderes curativos. Otros se limitan a recoger agua en bidones plásticos que a tal fin son ofrecidos por vendedores ambulantes en las inmediaciones de la vertiente. Invocación El Taytacha Qoyllur Riti o “Padrecito de la Estrella de la Nieve” es invocado alternativamente como “Señor del Nevado”, “Apu Jesucristo”, “Señor de los pobres”, “Cristo de los campesinos”. Las invocaciones se reiteran día y noche, adquiriendo carácter de exhortación al ser transmitidas por altoparlantes como parte de la invitación a unirse a las actividades religiosas oficiales. En muchos casos, se subraya el anclaje que la ceremonia tiene en la geografía sagrada de la región, recordándose que los peregrinos están “en las faldas del nevado Colquepunku”, “en la hoyada de Sinacara”, “a los pies del gran Ausangate”. Adoración Destinatarios de la veneración profesada por los peregrinos son el Taytacha Qoyllur Riti -venerado en el interior de la capilla y en el patio contiguo al templo- , la Virgen Dolorosa en Mamachapata y la cruz -tanto la de Cruzpata como la que se yergue en el camino al glaciar. La adoración se traduce principalmente en los bailes que las comparsas de cada nación ofrecen en honor a las imágenes y objetos religiosos. Las comparsas desfilan en procesión hacia el altar, nicho o cruz que aloja al objeto de devoción. De acuerdo a la intensidad en el flujo de “promesantes”, se les permite un lapso de tiempo que oscila entre cinco y veinte minutos para el desarrollo de sus danzas frente a cada una de las imágenes. Las mismas se inician con un momento de adoración -referido como “alabado”-, el cual va acompañado de una música suave y de la genuflexión de todos los danzarines en dirección a la imagen venerada. El cambio en la música -y el comienzo de la ejecución de la melodía típica de cada comparsa- señala el inicio de la coreografía de baile. Hacia el final de la presentación, la música cambia de ritmo y luego cesa momentáneamente, mientras una pareja de danzarines masculinos procede a azotarse tres veces sucesivas, para luego abrazarse y arrodillarse frente al altar. Dicho procedimiento se ejecuta tantas veces cuantas parejas puedan formarse en el tiempo en que los maestros de ceremonias permitan a la comparsa finalizar su danza. La danza continúa en forma casi ininterrumpida durante los días y noches en que transcurre la festividad, prolongándose fuera de los espacios sacralizados del templo, la terraza de la Virgen (Mamachapata) y la explanada de la cruz (Cruzpata). Se ocupan para ello las zonas libres en la planicie donde se pernocta. En esas circunstancias, la danza no incluye la instancia de la genuflexión y el alabado, aunque sí queda contemplada la flagelación mutua de las parejas masculinas de danzarines al finalizar la presentación. La continuidad de las danzas determina que la actividad física desarrollada durante las instancias de adoración sea extenuante, particularmente si se considera que la misma se desarrolla en una cota altitudinal cercana a los 5000 metros. El agotamiento inducido no deja de remitir a ciertos elementos de las prácticas ascéticas y shamánicas; el cansancio parece ser considerado parte de la ofrenda. No está bien vista la verbalización del agotamiento, la cual se advierte en los rostros de los danzarines, pero sin traducirse en sus palabras. Sostienen con convicción que el Señor les da la fuerza para continuar. Ciertas naciones, comprometidas con la reivindicación indígena, evitan participar de las actividades organizadas por la Iglesia Católica en torno a los íconos religiosos como el Taytacha o la Mamacha. Dichos aspectos no aparecen reflejados en las monografías sobre la festividad de Qoyllur Riti elaboradas por antropólogos eclesiásticos como el sacerdote Carlos Flores Lizana (1997). Aunque cabe la posibilidad de que la participación de dichos grupos en la ceremonia sea reciente y no haya podido ser constatada en años anteriores. Por ejemplo, según lo informado por miembros de la nación de Pisaq durante la festividad de junio de 2003, la adoración por ellos profesada se destina exclusivamente al Apu Colque Punku (Puerta de Plata), a cuyos glaciares ascienden el día sábado, inmediatamente después del arribo a la hoyada de Sinacara. El día domingo al amanecer, antes de partir de regreso a sus hogares, realizan un “alabado” seguido de danzas, en la pampa en la que acampan, con la comparsa arrodillada en dirección al sol naciente. Petición Pucllanapata o la “terraza de los juegos”, es un emplazamiento situado a unos ciento cincuenta metros sobre el nivel del templo, junto a los flancos montañosos que encierran a la hoyada de Sinacara por el sur. El terreno está constituido por lajas sueltas, deleznables, de distintos tamaños, las cuales son empleadas por los peregrinos para la construcción de miniaturas de casas y demás bienes que desean obtener por merced o mediación del espíritu de la montaña o Apu Qoyllur Riti. La terraza de los juegos es también escenario de representaciones lúdicas y parodias de casamientos, transacciones comerciales y demás formas de interacción social en las que los peregrinos desean verse involucrados exitosamente tras el regreso a sus comunidades. Durante todo el día la actividad es incesante, con mercaderes que hacen propaganda de sus productos; gente que ofrece servicios turísticos y hoteleros; personas que compran, venden o alquilan sus propiedades en miniatura; cambistas de dinero y hasta “notarios” que certifican las transacciones y que exhiben un carnet que acredita su condición. En una peña que hace las veces de Iglesia, un improvisado sacerdote procede a unir en matrimonio a dos desconocidos, mientras los “testigos” aseguran que no existen impedimentos legales para el casamiento y el pú- blico clama por presenciar la noche de bodas. También se pueden adquirir en Pucllanapata, en carácter de materialización simbólica de los objetos deseados, miniaturas y juguetes artesanales e industriales, conocidos en regiones de influencia qolla como “alacitas”. Las alacitas incluyen carretillas repletas de herramientas de trabajo, autos, camiones y colectivos en miniatura, pequeños muñecos representando bebés y niños, bolsas conteniendo granos y otros alimentos; sandalias en miniatura -siempre son izquierdas porque el lado izquierdo está relacionado con la magia-, a la vez que supuestos billetes con la apariencia de dólares. Es interesante señalar que existe una variada oferta de “documentos”, tales como certificados de buena salud, títulos universitarios, pasaportes, libretas de matrimonio, entre otros. Presentación de ofrendas El santuario del Señor de Qoyllur Riti es escenario de ofrendas o “pagos” que se elevan a los espíritus de las montañas que dominan la región. Para la realización de este tipo de ceremonias se ocupan áreas periféricas, tales como la base de los glaciares o la cruz que se encuentra ubicada pasando Mamachapata y camino a los hielos eternos. Es interesante destacar que las cumbres de las montañas destinatarias, como en el caso del frecuentemente invocado nevado Ausangate, permanecen fuera de la vista dentro de la hoyada de Sinacara. Las ofrendas efectuadas incluyen frecuentemente la quema de las miniaturas que representan los bienes solicitados o de papeles en los que se encuentran escritos los deseos que se presentan ante la divinidad. También comprenden libaciones con bebidas alcohólicas y comidas, las cuales son ofrecidas en jarros y cuencos presentados de a pares, en forma simultánea, al ser elevados con ambas manos por el oficiante. El rito se acompaña con “sahumado” en base a coa, una hierba aromática de altura. En algunas oportunidades, los asistentes son “limpiados” con lloques -hilos torzados a la izquierdaque son rotos por el oficiante tras haber sido pasados a pocos centímetros del cuerpo de los mismos, desde la cabeza hacia los pies. Los oficiantes de los pagos son yatiris, en el caso de los peregrinos de origen aymara que llegan de la región circum-titicaca, y pampamisas, altomisas o paqos, si son de las naciones de habla quechua. Celebración litúrgica Las misas son celebradas principalmente en quechua y ocasionalmente en español. Los horarios son usualmente las 4 y las 8 de la mañana; las 6 de la tarde y las 8 de la noche. El día lunes por la mañana se celebra la “Misa de los Pablitos”, única ocasión en la que la concurrencia se restringe casi exclusivamente a los ukukus, impidiéndose el ingreso de otros peregrinos. Las intenciones de las misas son por las almas de los difuntos, por la salud de los peregrinos; también se realizan misas de acción de gracias. Durante la peregrinación de junio de 2003 se celebró una misa el domingo por el festejo del día del padre. Adivinación En actividades devocionales como el encendido de velas, quedan encubiertas también prácticas mágicas de carácter adivinatorio. Las velas son encendidas por los peregrinos en el interior de la capilla del Tatyacha Qoyllur Ritti, junto a la cruz de Cruzpata; en la gruta de la Mamachapata, y QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 23 en grietas en los hielos del nevado. Las velas pueden ser ordinarias o de colores. Grandes cirios con adornos son encendidos para el Taytacha, puesto que se considera que le agradan más que las velas comunes. Los devotos no se limitan a encender la vela sino que la observan atentamente mientras arde, acompañando el proceso durante largos minutos, que a veces se tornan horas. El color de la llama puede indicar la presencia de “condenados”; su forma de arder informa si la oración está siendo escuchada; el goteo excesivo de la cera vaticina tristeza y el apagado súbito de la vela puede anticipar la muerte (Flores Lizana, 1997: 83) Hemos advertido que los peregrinos ponen especial cuidado en encender las velas sumamente cerca del hielo, cuando ascienden al glaciar. Inicialmente pensábamos que sería para proteger la llama del viento, pero al observar que la misma era acercada al hielo en forma reiterada, llegamos a la conclusión de que el derretimiento del hielo ocasionado por su proximidad es un resultado buscado intencionalmente como parte del ritual. Procesión La procesión principal de la festividad tiene lugar el día lunes por la tarde y consiste en el encuentro o “topamiento” del Señor de Tayancani y la Virgen Dolorosa. La procesión dura unas dos horas aproximadamente y está constituida por dos columnas de peregrinos, que acompañan a sendas imágenes respectivamente. Gran parte del escenario natural del fondo de valle de la hoyada de Sinacara es recorrido durante esta ceremonia. La imagen del Señor de Tayancani asciende desde la capilla hasta Mamachapata y luego es descendida en procesión hasta Cruzpata, siendo cargada por turnos, inicialmente por los Qhapac Chunchos de Paucartambo y a continuación por los peregrinos de la nación de Quispicanchis. Por su parte, la Virgen Dolorosa sale de la capilla y desciende hasta Unupata o Agua del Señor, para luego ser cargada por mujeres casadas y solteras hasta Cruzpata, adonde se produce el encuentro con la imagen del Señor. Los devotos se descubren la cabeza y se descalzan en señal de respeto cuando “levantan al Señor”; es decir, cuando ayudan a cargarlo. Años atrás, las imágenes eran cubiertas por un parasol de plumas de aves amazónicas, denominado achivire, el cual aparece pintado en los antiguos cuadros cuzqueños en los que se representa a los últimos Incas asistiendo a las fiestas de Corpus Christi (Flores Lizana, 1997: 51). Ascensión El nevado Colque Punku o Puerta de Plata supera los 5.400 metros en su cima. Ofrece tres lenguas glaciarias que descienden hacia la hoyada de Sinacara, cuyos frentes llegan a ubicarse a aproximadamente 5000 metros sobre el nivel del mar, a una hora de marcha desde el santuario de Qoyllur Riti. Las tres ramas glaciarias son visitadas por los ukukus de las distintas comparsas, estando estipulado consuetudinariamente qué sector del glaciar corresponde a cada nación. Por ejemplo, la lengua glaciaria situada más al Norte es visitada por los “pablitos” de la nación de Paucartambo; en tanto que el sector central del glaciar acoge a los ukukus de las nación Quispicanchis y a la mayoría de los 24 MARÍA CONSTANZA CERUTI peregrinos que ascienden por cuenta propia. Los diferentes sectores del glaciar no poseen nombres distintivos y son colectivamente definidos como “la nevada”. Las cotas altitudinales alcanzadas por los pauluchas rondan los 5200 y 5300 metros, en tanto que los peregrinos comunes rara vez superan los 5000 o 5100 metros. Los obstáculos técnicos que presenta el glaciar son sorteados gracias a la experiencia adquirida, el sentido común y sencillos medios técnicos. Entre estos últimos cabe destacar los botines de fútbol que constituyen el calzado de los ukukus, puesto que ofrecen mayor adherencia al terreno que las sandalias y zapatillas tradicionales. Por otra parte, los látigos o chicotes de los que van munidos los “pablitos” suelen ser empleados a modo de cuerdas, para brindar ayuda en los tramos más empinados, o ante la necesidad de atravesar una grieta. Los ukukus, tomados de su respectivo azote y del látigo de un compañero, forman cadenas humanas que permiten sortear exitosamente los pasos más expuestos durante el descenso. La primera ascensión de los ukukus se desarrolla durante el día lunes y tiene por objeto transportar una cruz de madera de considerable tamaño, tan arriba como sea posible en cada temporada, de acuerdo a las dificultades que ofrezca el terreno glaciario. Las cruces que suben al nevado son transportadas “vestidas”, es decir, cubiertas con estolas y demás insignias. También las imágenes portátiles o apuyayas que los peregrinos llevan a “cargar de fuerza” al glaciar son transportadas cubiertas en un paño o aguayo. Las cruces son veladas al atardecer y permanecen en el hielo durante toda la noche. Las luces de los cirios que arden a sus pies brillan en el glaciar a la luz de la luna, acompañando la serenata de danzas y música andina que las comparsas ofrecen la Taytacha en el templo. La segunda ascensión de los “pablitos” se inicia entre la 1 y las 3 de la madrugada del día martes y tiene por objetivo la veneración de la cruz en el glaciar y su posterior descenso y retribución al santuario en la hoyada. Ritos complementarios de dicha instancia ceremonial son el encendido de velas y cirios en la nevada, el azote ritual de los peregrinos y ukukus y la consabida extracción de hielo para llevar de regreso a las comunidades. Algunas naciones se constituyen en asambleas a los pies del glaciar y debaten temas políticos y de interés común antes de efectuar la última ascensión. Dichas actividades se realizan al amanecer, en las inmediaciones del lugar en donde se encuentra plantada la cruz del glaciar. El peregrino que va a ser “sobado” o azotado ritualmente, se arrodilla frente a la cruz en dirección a la cima de la montaña. Los devotos que encienden velas también lo hacen mirando hacia la cumbre del nevado. La ceremonia culmina usualmente antes de la salida del sol, puesto que el tránsito por el hielo se vuelve mucho más peligroso cuando éste comienza a derretirse por el calor diurno. Los ukukus ayudan y urgen a los peregrinos a descender a tiempo para poder asistir a la misa de bendición. Una vez abandonado el hielo, las comparsas se organizan en formación y bajan hacia el templo en procesión. Millares de personas en sus atuendos festivos descienden por los filos hacia la hoyada al son de los instrumentos musicales, brindando un espectáculo sobrecogedor. La tierra parece temblar bajo sus pies. En ese momento tan sublime de la ceremonia entran en escena QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 25 danzarines disfrazados de cóndores, que bajan del glaciar desplegando sus alas y posándose en las rocas, a imitación del ave sagrada andina. Probablemente representen a los Apus o espíritus de las montañas sagradas, que en ocasión tan especial descienden de las cimas acompañando a los ukukus y danzarines. Durante los días en que transcurre la ceremonia, numerosos peregrinos ascienden a las partes bajas del glaciar por cuenta propia, fuera del contexto organizado de las ascensiones de los ukukus. El encendido de velas y la recolección de hielo son los principales objetivos de su acercamiento a las alturas. La hazaña es celebrada grabando los nombres en el hielo, junto a lagunas congeladas e imponentes grietas. Los improvisados escaladores sortean las pendientes de hielo calzando solamente sandalias o ushutas. Entre ellos, pudimos observar que también se cuentan también mujeres ancianas y niños de ambos sexos y de corta edad. Flagelación La flagelación mediante el azote, referida vulgarmente por los peregrinos como “ser sobado”, persigue el objetivo ascético de “ayudar al Señor”, y sólo en contadas ocasiones reviste carácter punitivo. El azote recíproco de los danzarines aparece en las coreografías presentadas por las distintas comparsas. Las parejas de danzarines masculinos se propinan un mínimo de tres azotes cada uno, aunque generalmente continúan flagelándose hasta que son separados por el pablito de la comparsa. Idealmente, los azotes se aplican en los tobillos y en los gemelos, aunque a veces resultan afectadas otras partes de las piernas. En algunos casos, el bailarín da saltos y hace monerías procurando esquivar el impacto del látigo. El enfrentamiento ritual se resuelve en la breve marcha que ambos danzarines efectúan abrazados en dirección al altar, para luego arrodillarse ante el mismo. Azotes de carácter ascético e iniciático tienen lugar sobre los hielos del glaciar, en horas del amanecer del día martes. Los ukukus que desean ser sobados se arrodillan frente a la cruz plantada el día anterior y reciben tres azotes suaves en sus espaldas, de manos de otro hermano pablito. Para los ukukus que ascienden por primera vez, el azote es recibido de parte de un “padrino” y el rito pasa a ser referido con el nombre de “bautismo” (Flores Lizana 1997:58). El iniciado besa la disciplina en señal de respeto. Azotes de carácter punitivo se administran al finalizar el peregrinaje, durante el saludo al Sol, al iniciarse la segunda jornada en la peregrinación de las 24 horas. Los mismos son propinados por los ukukus a sus propios “hermanos”, en razón de alguna falta registrada en la conducta ritual. Se pudo observar que el sancionado es tomado de brazos y piernas y levantado en el aire boca arriba, recibiendo latigazos muy fuertes en la región de la ingle. Bendición El día martes por la mañana se celebra una Misa de Bendición que señala el fin de las actividades ceremoniales en el santuario y el inicio de la “Peregrinación de las 24 horas”. Dicha celebración se lleva a cabo fuera del templo, en el patio contiguo, en razón de que 26 MARÍA CONSTANZA CERUTI la capilla no da abasto para la cantidad de personas congregadas en el apogeo de la festividad. Los peregrinos ponen particular atención en lograr que el agua bendita alcance a los elementos que transportarán a sus casas en calidad de reliquias, tales como los azotes o chicotes, el hielo y el agua traídos del glaciar, y demás miniaturas y muñecos adquiridos en la feria de alacitas del santuario. También se procura la bendición de ropas o mechones de cabello de enfermos que no pudieron asistir. El agua bendita se usa para curarse del susto, para bendecir las chacras y los animales, para conjurar las rocas consideradas malignas, para alejar las granizadas y los rayos; para calmar a borrachos y locos, para curar enfermos, para mantener alejados a condenados, ladrones y hechiceros (Flores Lizana, 1997:75). Extracción de reliquias Uno de los principales aspectos de la ceremonia de Qoyllur Riti era la extracción de hielo de los glaciares para su transporte a las comunidades de origen de los peregrinos, sustentado en la creencia del carácter sagrado y el poder curativo de este regalo de los Apus. Actualmente, según manifiestan los policías, está prohibida la remoción de grandes trozos de hielo debido a que se busca controlar la retracción del frente glaciario. Pauluchas y policías del cuerpo de rescate de alta montaña son comisionados para supervisar el cumplimiento de dicha medida, implementada en el año 2001. Como estrategias de resistencia se observa la extracción de pedazos pequeños; la ingestión de pináculos pequeños a modo de “helados” y la recolección del hielo derretido del interior de las grietas. En nuestras observaciones de Junio de 2003 pudimos identificar a un peregrino que cargaba el hielo en su muñeco “luichito”, para no ser directamente responsabilizado. Además, el día lunes por la tarde logramos ver a un paulucha que descendía raudo, cargando un trozo de hielo de varios kilos de peso. El individuo atravesó la pampa frente al santuario corriendo a toda velocidad para no ser detenido. Los apuyayas y las imágenes de las capillas de Mawayani, Tayancani y Ocongate, así como aquellos de pertenencia personal, se cargan de fuerza divina en el santuario de Qoyllur Riti para ser repartidas después en las comunidades y capillas de origen (Flores Lizana, 1997: 44). Su transporte de regreso a la sede habitual adquiere carácter procesional. En calidad de reliquias de la ceremonia, también son aprovechadas las flores que adornan a las imágenes del Señor de Tayancani y de la Virgen Dolorosa durante las procesiones, al igual que la cera de las velas que han ardido en el interior del templo. Tuvimos oportunidad de observar a una anciana recogiendo la misma del suelo con la ayuda de una espátula. Esta parece ser una práctica frecuente entre los Q´ eros, que arriban al santuario al finalizar la festividad (Flores Lizana, 1997: 84). Dinámica ritual durante la peregrinación en altura La denominada “Procesión de las 24 horas” se inicia al finalizar la Misa de Bendición, el día martes a las 11 de la mañana QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 27 aproximadamente. Dicha procesión tiene por objeto acompañar a las imágenes del Señor de Tayancani y la Virgen Dolorosa de regreso a sus comunidades de origen. El peregrinaje cubre una distancia de aproximadamente 30 kilómetros en un tiempo real de 24 horas, desde el santuario de Qoyllur Riti hasta la localidad de Ocongate. Peregrinación: primera jornada Durante la primera jornada, los peregrinos se dirigen hasta el paraje Yanacancha, distante unas tres o cuatro horas de camino desde el santuario de Qoyllur Riti. Inicialmente se recorre una huella de herradura que faldea los cerros al norte de la hoyada de Sinacara. Después de una o dos horas de caminata se alcanza un portezuelo conocido como “Machu Cruz” (Cruz Vieja) situado a aproximadamente 5000 metros sobre el nivel del mar, que constituye la apacheta o paso de montaña en la que se deja atrás el valle interandino en el que se aloja la hoyada de Sinacara. Allí existe una antigua capilla en la que se hace “descansar al Señor”, mientras las comparsas danzan y ejecutan el “alabado”. El camino continúa por una planicie de altura de la cual se tiene una privilegiada vista de los nevados Ausangate y Colque Cruz. Las montañas dominarán el horizonte durante el resto del peregrinaje, especialmente en cada instancia de ascenso a una nueva abra o portezuelo. Antes de arribar a Yanacancha se atraviesa un paraje de gran belleza, constituido por tres lagunas, la más grande de las cuales refleja en sus aguas la majestuosa figura del Ausangate. Los chamanes andinos de la comunidad de Hatun Qero realizan inmersiones rituales en dicha laguna durante sus ceremonias de iniciación que conducen a ser ritualista de los más altos grados o altomisa (Flores Lizana, 1997: 27). La huella bordea la laguna de Yanacocha (Laguna Negra) y se introduce en una angosta quebrada por la que las aguas del espejo discurren formando pozas y cascadas. Algunos kilómetros más adelante, estas aguas se encuentran con las de otro arroyo y allí se levanta el paraje Yanacancha (Corral Negro). Descansos Los peregrinos descansan entre cuatro y seis horas en Yanacancha, en medio de la espesa humareda de las hogueras encendidas con bosta de ganado. Los ukukus de cada comparsa han transportado hasta allí los víveres necesarios para que las mujeres puedan preparar la cena. Al anochecer, pablitos y peregrinos danzan incesantemente al son del chaquiri (chaqui significa pie), un ritmo distintivo y monótono que tiene por objeto mantener los pies en movimiento para generar calor corporal. El intenso frío de las altas pampas es un serio problema para los promesantes en sus descansos, debido a que en la instancia de la peregrinación rara vez hay tiempo de armar tiendas o carpas para guarecerse. Los descansos durante la marcha nocturna son regulados a fin de que el arribo de los peregrinos a las inmediaciones de Tayancani se produzca poco antes de la salida del Sol. En las principales abras que jalonan la ruta, las comparsas se detienen a ejecutar el “alabado” y a encender pirotecnia, actividades que demandan usualmente alrededor 28 MARÍA CONSTANZA CERUTI de media hora. Pese a ser los emplazamientos más fríos y expuestos al viento, los altos portezuelos son utilizados para breves descansos y para la ingestión de bebidas calientes elaboradas por las vivanderas, tales como ponche de habas o leche de cabra. Teatralización Al caer el sol tiene lugar una interesante teatralización sobre la empinada ladera de la colina que se encuentra al frente de la planicie de Yanacancha. Un ukuku ha ascendido hasta las laderas altas y desde allí, a viva voz, insulta al público que acampa en la base con expresiones tales como atuc ñawi (ojos de zorra). Representa a un “condenado” o alma en pena que merodea por las alturas de la montaña. En medio de su injurioso discurso, el “condenado” informa a los peregrinos la hora exacta en la que deberán emprender nuevamente la marcha (entre las nueve y las once de la noche, según el caso). Un peregrino y otro “pablito” también han ascendido a la colina y mientras procuran descender por el escarpado terreno, son “atacados” por el “condenado”, el cual se abalanza sobre ellos desde una peña más alta. Es notable la condición física y la habilidad de los actores, cuyos grandes saltos logran ser claramente apreciados por el público pese a la distancia. Las víctimas luchan y dejan atrás al “condenado” para seguir descendiendo la montaña. La escena se repite varias veces en medio de exclamaciones e hilaridad de los peregrinos que siguen la teatralización desde la planicie. Peregrinación: segunda jornada Todas las comparsas y los peregrinos se ponen en movimiento con celeridad a la hora indicada por el “condenado”. Durante las primeras horas de marcha, bajo la luz de la luna y con temperaturas bajo cero, se detienen en distintos puntos para ejecutar el “alabado”, principalmente en un alto portezuelo denominado Intilloqsina o Inti Cawarina (lugar desde donde se ve el Sol ). Desde una segunda abra muy elevada, denominada Waca Ocongate -en probable referencia a la sacralidad del nevado Ausangate que domina el panorama- se debe descender una pendiente muy pronunciada, en terreno suelto y polvoriento, conocida como Wachu Wachu (surco, surco) y en su parte final como Escalerayoq (con escalera). Se arriba así a la planicie inclinada con vista al Ausangate, en la cual se espera el amanecer. Saludo al Sol Para la ceremonia de saludo al Sol, las comparsas se ubican en formación, con hileras de danzarines de pie, mirando al este. Las naciones de Paucartambo quedan formadas sobre el terreno descendente, a la izquierda del camino y las de Quispicanchis, sobre terreno ascendente, a la derecha. Las imágenes del Señor de Tayancani y la Virgen Dolorosa son colocadas -en sus urnas y envueltas en mantas- en unas hendiduras en el suelo, en dirección al este, delante de las filas de danzarines. Grandes cirios se encienden junto a las apuyayas. Durante los preparativos de la ceremonia tiene lugar los castigos con azotes que se propinan a los pauluchas que cometieran faltas QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 29 rituales durante la peregrinación, al igual que los “bautizos” de los ukukus que realizan por primera vez la peregrinación. Al momento del amanecer, un representante de las naciones de Paucartambo y otro representante de las de Quispicanchis se adelantan hacia el lugar en el que están las imá- genes y danzan levantando los brazos en dirección al Sol, mientras los demás peregrinos y danzarines se arrodillan en señal de respeto. El solemne momento es acompañado por el sonido del pututu o concha de Strombus que tañen un ukuku de cada bando. A continuación, los participantes se desean mutuamente el wataskama (hasta el año), que pone de manifiesto el trasfondo de culto solar que encubre a la ceremonia, realizada justamente en fecha cercana a la del solsticio de invierno. Procesión triunfal a Tayancani La danza triunfal que señala el fin de la procesión acompaña la marcha desde el lugar del saludo al Sol hasta la capilla de Tayancani. Se lleva a cabo al ritmo del Chaquiri, con las comparsas de ambas naciones formando hileras que se entrecruzan en una elaborada coreografía con la que los peregrinos cubren considerables extensiones de suaves filos cordilleranos. Una vez que las imágenes ingresan a la capilla de Tayancani, los celadores dejan sus látigos en señal de haber cumplido con el mantenimiento de la disciplina durante la ceremonia. Junto al templo, dominado por la majestuosa vista del Ausangate, los peregrinos proceden a refrescarse en el manantial y a ingerir el almuerzo frío de caminantes o kharmu, comida en base a papas, moraya, chuño, tostado de maíz, queso y pedazos de charqui (Flores Lizana, 1997: 59). Competición en descenso a Ocongate Desde Tayancani es necesario ascender una empinada ladera hasta alcanzar el angosto portezuelo denominado Pitiskunka (cuello estrecho), en el cual existe una capilla antigua en la que se reza el último “alabado” de la peregrinación. La vertiente que desciende hacia Ocongate presenta una cuesta aún más extensa y empinada, con un desnivel muy abrupto, de varios centenares de metros. El descenso adquiere carácter de la carrera e involucra a danzantes de Paucartambo en competencia con bailarines de Quispicanchis. Discusión En tiempos de los Incas, las montañas más remotas y más altas, que quedaban fuera de los circuitos cotidianos de circulación, eran objeto de adoración y de peregrinaje (Salomon, 1991: 322). Los santuarios de altura en cumbres de más de 5000 metros eran destino de las ceremonias imperiales de capacocha e hitos sacralizados en el territorio conquistado por el Tawantinsuyu. En las ceremonias incaicas de capacocha, las ofrendas -que incluían niños y doncellas elegidos para el sacrificio- convergían a la ciudad capital y centro sagrado, el Cuzco, desde las distintas provincias o suyus del Incanato, para luego ser redistribuidas y enviadas a las montañas sagradas de los confines del territorio (Duviols, 1976; MacCormack, 2000). La circulación de los 30 MARÍA CONSTANZA CERUTI ritualistas y ofrendas se plasmaba en procesiones que cubrían cientos o miles de kilómetros de la topografía andina, ascendiendo inclusive a alturas extremas y sorteando considerables obstáculos de escalada. Entre las ofrendas recuperadas arqueológicamente en sitios rituales de altura de época Inca -por ejemplo en la cima del volcán Llullaillaco (ver Ceruti, 2003a)- se cuentan miniaturas en oro, plata y valva de molusco de figurinas zoomorfas y antropomorfas de típico estilo cuzqueño, a las cuales parece haberse atribuido eficacia multiplicadora, en particular, a las estatuillas que representaban llamas y vicuñas. Según el cronista Pedro Cieza de León, la región de Vilcanota era visitada todos los años en peregrinación desde el Cuzco para la realización de ofrendas enmarcadas en la ceremonia de la capacocha (MacCormack, 1991: 103). El cronista Cristóbal de Molina agrega que la peregrinación a Vilcanota se realizaba en el mes de mayo, o en época del solsticio de invierno, siendo que se consideraba que el santuario, ubicado al este de Cuzco, era “el lugar donde nace el sol” (MacCormack, 1991: 167-168). En nuestra opinión, en un intento por canalizar y controlar el ancestral movimiento de masas hacia los santuarios de montaña en los Andes, la Iglesia católica ha enmarcado las peregrinaciones andinas dentro del calendario del culto oficial, construyendo capillas, plantando cruces y legitimando leyendas fundacionales en los lugares que son destino tradicional del desplazamiento de los peregrinos. Los aportes etnográficos de la festividad de Qoyllur Riti, analizados a la luz de la etnohistoria y la arqueología, ponen de manifiesto que las procesiones andinas en altura han sabido conservar elementos del culto prehispánico a las montañas sagradas. Se puede advertir inclusive, la pervivencia de ciertas creencias extendidas en época Inca, en relación con la eficacia propiciatoria y expiatoria de las ofrendas presentadas en las alturas. La muerte en el contexto ceremonial de altura Durante la festividad de Qoyllur Riti celebrada en junio de 2003 no hubo muertes por accidente en los hielos eternos de la hoyada Sinacara. En nuestras sucesivas ascensiones al glaciar pudimos observar que las condiciones del hielo -erosionado y tipo cristal- impedían ascender a grandes alturas sin medios técnicos, especialmente al no existir una capa de nieve fresca que lo cubriese. La ausencia de nevadas recientes, por otra parte, determinó que las grietas en el glaciar permanecieran expuestas y fácilmente visibles. Cabe recordar que el principal motivo de muerte referido por los peregrinos es la caída en grietas que no resultan visibles, al aparecer cubiertas de nieve. Las muertes en los glaciares de Sinacara son frecuentes durante la festividad. Varios ukukus entrevistados coinciden en que “casi siempre, dos o tres pablitos son tragados por la nevada”. Así lo informó un paulucha de 25 años, oriundo de Cuzco, quien nos comentó que asistía a la ceremonia de Qoyllur Riti por tercera vez. Él explicó también que con la retracción de los hielos, particularmente en el mes de agosto, han salido a la luz los cuerpos de algunos pablitos desaparecidos en años anteriores. “Se los encuentra así”, dijo el ukuku, adoptando una postura que intentaba reproducir la rigidez del cadáver, agregando a continuación un comentario más que interesante: “Están flaquitos; se nota que no hay mucho para comer allá arriba”. Las palabras del ukuku sugieren que a nivel de las creencias, no es una verdadera muerte la de los “tragados por la nevada” sino una suerte de existencia que perdura en las entrañas mismas del glaciar. Por su parte, la referencia al mes de Agosto parece más de connotación simbólica -en los Andes se comparte la creencia de que la Pachamama está despierta- puesto que en realidad no es durante el invierno que se esperaría la mayor incidencia del fenómeno de retracción glaciaria responsable de la exposición de los cuerpos a la intemperie. Cabe señalar que durante la festividad de junio de 2003, se registró una víctima fatal en las inmediaciones del santuario de Qoyllur Riti. Según informaron fuentes policiales en la radio de Cuzco, el fallecimiento se habría producido por asfixia, deceso que posiblemente se pueda atribuir a un edema pulmonar ocasionado por la altura. Los malestares ocasionados por la altura no forman parte del discurso habitual de los asistentes a la ceremonia, lo cual podría tentativamente ser explicado por la creencia que sostiene que la devoción protege al peregrino del cansancio, la enfermedad, el infortunio. En el discurso popular se repite la frase “Si vas con fe, no pasa nada”. Existe también la creencia de que la protección del Taytacha hace posible que no existan accidentes automovilísticos en los buses y camiones que transportan a los peregrinos por los angostos caminos de cornisa que conducen hacia Mawayani y Ocongate. La muerte en el contexto ritual del peregrinaje es objeto de lecturas que parecen trasuntar pervivencias de un sistema de creencias prehispánico, relacionado con la dimensión sagrada de la montaña en el paisaje. En algunos casos, el deceso es interpretado como una forma de sanción divina, cuando el peregrino no se ha preparado debidamente para el encuentro con lo sagrado. Según se repite en el saber popular serrano: “La nevada te traga cuando no tienes el corazón puro”. Sin embargo, tal como se desprende de los datos etnográficos recuperados por el sacerdote Flores Lizana (1997), la muerte durante la instancia ceremonial suele ser interpretada también como una ofrenda reclamada por los espíritus de la montaña, que trae esperanzas de supervivencia para la comunidad. Aun en el deceso de niños por intolerancia a la altitud o en la desaparición de ukukus en las grietas del glaciar, la muerte física es concebida como una ofrenda reclamada por los espíritus de la montaña, capaz de garantizar la abundancia de lluvias y la fecundidad de las cosechas (Flores Lizana, 1997: 272 y 306). Manifestaba al respecto una joven entrevistada por Flores Lizana en 1994 en la localidad de Andahuaylillas: “Decían que cuantos más pablos fallezcan era mejor, pues un año bueno, que iba a haber buena cosecha.... yo creo que eso viene desde atrás y si tu vas escarbando más, los más antiguos te van contando otras cosas...” (Flores Lizana, 1997: 272). Agregaba al mismo entrevistador, un hombre oriundo del pueblo de Sicuani. “Si es que un hermano no se ha sacrificado, muchos dicen que de todas maneras debe de haber un niño muerto; eso es desde nuestros ancestros, que alguno de nuestros hermanos debe sacrificarse para que por ejemplo, la sequía y/o la mala cosecha pueda terminar ahí. Coincide, naturalmente, que algunos niños van y fallecen, 32 entonces este sacrificio no ha sido en vano sino que para la comunidad ha sido algo bueno...” (Flores Lizana, 1997: 306). Durante la dominación Inca, la práctica de la ofrenda humana con fines propiciatorios y de apaciguamiento se plasmó en la institución de la capacocha, elaborada ceremonia de sacrificios precedida por una compleja instancia de circulación ceremonial de bienes y personas (Duviols, 1976). Un elemento distintivo de las capacochas era el perfil de las víctimas humanas, que eran siempre niños y jóvenes vírgenes, a diferencia de los hombres adultos sacrificados como prisioneros, o de la amplia gama de varones y mujeres de diversas edades sacrificados como escolta de un emperador difunto (Cobo, 1990; Murúa, 1946). Otro rasgo característico de las ceremonias de capacocha era la elección de emplazamientos ceremoniales en alta montaña (Ceruti, 1999; Ceruti, 2003a; Reinhard y Ceruti, 2000; Schobinger y Ceruti, 2001). Según algunas fuentes históricas, sólo frente a catástrofes y calamidades mayores se hacían ofrendas humanas en época Inca, puesto que “...el sacrificar niños u hombres era para cosa de gran importancia, como pestilencia grande o mortandad...” (Polo de Ondegardo, 1916: 193). Otros documentos sugieren que sacrificios humanos con fines propiciatorios habrían tenido lugar para la conmemoración de festividades calendáricas como el Capac Raymi (Molina, 1959: 81). La propiciación de la fertilidad de las cosechas habría sido la principal razón invocada en aquellas ceremonias. Las fuentes informan que “hacían el dicho sacrificio (de niños) para que tuviesen salud y buenos maizales” (Francisco de Toledo en Levillier, 1940: 137). Palabras finales En este trabajo se ha abordado la peregrinación etnográfica quechua del Taytacha Qoyllur Riti, el Señor de la Estrella de la Nieve, que se desarrolla a casi 5000 metros sobre el nivel del mar, al pie de los glaciares del nevado Colque Punku, en la cordillera de Vilcanota, al sur de Perú. Teniendo en cuenta el emplazamiento y la toponimia de los escenarios, se han reseñado las leyendas fundacionales y mitos relacionados con el paisaje circundante y se ha centrado el aná- lisis en la participación de los peregrinos en carácter de promesantes, danzarines, celadores y mercaderes, así como en sus actividades rituales de acercamiento, purificación, adoración mediante la danza y el rezo, ascensión a los hielos, presentación de ofrendas, prácticas adivinatorias, flagelación, peregrinación, saludo al Sol y extracción de reliquias. La discusión se ha nucleado en los aspectos cognitivos y simbólicos de probable tradición prehispánica que resultan identificables en esta moderna peregrinación andina en altura, que tienen reminiscencias de las prácticas ceremoniales efectuadas por los Incas en escenarios de alta montaña hace más de medio milenio. Entre ellos se cuentan las procesiones transportando objetos sagrados por terreno montañoso y la manipulación lúdica de miniaturas de eficacia multiplicadora con fines propiciatorios, sin dejar de lado la concepción de la muerte como una ofrenda a los espíritus de la montaña, que tiñe actualmente la interpretación de los decesos accidentales durante las ascensiones, y que antiguamente hallara su expresión en las ceremonias de capacocha de los Incas. QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 33 Agradecimientos Al Sr. Jefferson Montoya, egresado de la Universidad Católica de Lima, que me invitó a acompañar a su grupo a la festividad del Señor de la Estrella de la Nieve en junio de 2003. A los promesantes, danzarines y ukukus en la peregrinación a Qoyllur Ritti, en particular al Sr. Tomas Palomino. Al Dr. Juan Schobinger, al Dr. Johan Reinhard y al Sr. Antonio Beorchia Nigris, por haberme incentivado en el camino de la arqueología de alta montaña. Al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Al Rector y al personal de la Universidad Católica de Salta. Bibliografía 2003 Historia del Señor de QoyllurRiti. Mahuayani -OcongateQuispicanchi. Folleto distribuido a los peregrinos durante la festividad de Qoyllur Riti en Sinacara. Impreso en Cuzco, Perú. Ceruti, M. C. 1999 Cumbres Sagradas del Nororeste Argentino. Buenos Aires: Editorial de la Universidad de Buenos Aires. 2002 La Orografía Andina en el Ritual Incaico. Trabajo presentado a la Academia Nacional de Geografía de Argentina. 2003a Llullaillaco: Sacrificios y Ofrendas en un Santuario Inca de Alta Montaña. Salta: Instituto de Investigaciones de Alta Montaña, Ediciones Universidad Católica de Salta. 2003b A la sombra del Volcán Licancabur: santuarios de altura en los cerros Toco, Juriques y Laguna Verde. Actas 51º Congreso Internacional de Americanistas, Santiago de Chile. Cabello de Balboa, M. 1951 Miscelánea Antártica.Lima: Universidad de San Marcos. 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Barcelona: Ediciones Grupo Zeta. Levillier, R. 1940 Don Francisco de Toledo, supremo organizador del Perú. Su vida, su obra (1515-1582). Tomo II, Libro 1: Sus informaciones sobre los Incas (1570-1572). Buenos Aires: Espasa Calpe. López de Gómara, F. 1954 Historia General de las Indias. Barcelona: Colección “Hispania Vitrix”. MacCormak, S. 1991 Religion in the Andes. New Jersey: Princeton University Press. 2000 Processions for the Inca: Andean and Christian ideas of human sacrifice, communion and embodiment in early colonial Peru. Archiv für Religionsgeschichte, 2 Band. Manzo, A. y M. G. Raviña. 1996 Augustukuy: Rito de Multiplicación de los Rebaños. Ceremonias Rurales y su Articulación con el Registro Arqueológico. Publicaciones Arqueología, 48. Marzal, M. 1992 La Experiencia Religiosa Quechua. En: Manuel Marzal (comp.), Rostros Indios de Dios. La Paz: Hisbol. Molina, C. de 1959 Ritos y Fábulas de los Incas. Buenos Aires: Editorial Futuro. Murúa, Fray M. de 1946 Historia del Origen y Geneaología Real de los Reyes Incas del Perú. Por Constantino Bayle. Madrid: Biblioteca Missionalia Hispanica, vol. 2. Pachacuti Yamqui, J. de S. C. 1968 Relación de antiguedades deste reyno del Perú. En: Crónicas peruanas de interés indígena. Biblioteca de autores españoles, tomo 209. Editado por Francisco Esteve. Madrid: Ediciones Atlas. Parisi Wilcox, J. 2000 Los guardianes del conocimiento. Barcelona: Ediciones Grupo Zeta. Polo de Ondegardo, J. 1916 Informaciones Acerca de la Religión y Gobierno de los Incas. En: Horacio Urteaga (ed.), Colección de libros y documentos referentes a la Historia del Perú. Tomo III. Lima: Sanmartí y Cía. Reinhard, J. y M. C. Ceruti 2000 Investigaciones Arqueológicas en QOYLLUR RITI: ETNOGRAFIA DE UN PEREGRINAJE RITUAL (...) 35 el Volcán Llullaillaco: complejo ceremonial incaico de alta montaña. Salta: Editorial de la Universidad Católica de Salta. 2001 Sacred Mountains, Human Sacrifice and Pilgrimage among the Incas. Pilgrimage and the Ritual Landscape in Precolumbian America. Washington D.C.: Dumbarton Oaks (Harvard). Rozas, W. 1983 Los Paqo en Qero. En: Flores Ochoa (ed.), Qero: el último ayllu inka. Cuzco: Centro de Estudios Andinos. Rubina, C. 1995 La piedra Inkaychu: una configuración discursiva andina. Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje, 11/12. Sallnow, M. J. 1974 La Peregrinación Andina. Allpanchis, 7. Salomon, F 1991 The beautiful grandparents: Andean ancestor shrines and mortuary ritual as seen through Colonial records. En: Tom Dillehay (ed.), Tombs for the living: Andean mortuary practices. Washington D.C.: Dumbarton Oaks (Harvard). Schobinger, J. y M. C. Ceruti 2001 Arqueología de alta montaña en los andes argentinos. Historia Prehispánica Argentina. Córdoba: Ediciones Brujas. Resumen El santuario del Señor de la Estrella de la Nieve (Qoyllur Riti) se encuentra localizado a 4700 metros sobre el nivel del mar, en los glaciares de la Cordillera de Vilcanota, en los Andes del Perú. La festividad de Qoyllur Riti constituye uno de los peregrinajes en montaña más importante del mundo andino moderno, congregando a miles de devotos nativos quechuas cada año, a fines de mayo o principios de junio. Los peregrinos participan en actividades ascéticas tales como la puruficación por agua, danzas rituales, castigos corporales (azotes), escalada en hielo, además de completar una procesión de más de 30 kilómetros sobre el abrupto terreno montañoso. Las actividades rituales incluyen la presentación de ofrendas a los espíritus de montaña, además de la recolección de hielo, el cual es considerado sagrado por sus propiedades curativas. Basado en la observación participante de la autora, este trabajo estudia la Festividad del Señor de la Estrella de la Nieve analizando sus elementos simbólicos y rituales, de probable origen ancestral, que remiten a aspectos de las ceremonias celebradas por la civilización Inca hace más de cinco siglos.







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